La Tetralogía "El Anillo del Nibelungo", de Richard Wagner está cargada de simbolismos.Lo que me sorprende de estas cinco óperas es la capacidad del compositor para reflejar su visión de la historia de la humanidad con cinco objetos simbólicos.
El primero de estos objetos es la lanza que utiliza Wotam, el Dios supremo.
Inicialmente la Naturaleza era la que establecía el equilibrio de todos los seres del mundo.
Lo cierto es que en el mundo que crea Wagner no hay demasiada población.
Tenemos a dos gigantes, Fasolt y Fafner, últimos de sus especie. De fuerza ciclópea. aunque de escasa inteligencia.
Los Nibelungos serían los primeros seres humanos. Son enanos negros que viven en estrechas galerías bajo tierra, sin luz y sin conocer la belleza. Trabajan los minerales y producen adornos que carecen de valor añadido quizás porqué no tienen mercado al que vender. El jefe de este grupo es Alberich.
Los dioses son jóvenes, luminosos y cargados de virtudes: Wotam, Fricka, su esposa, Locke (Dios del fuego), Freia, Donner y Froh. Inicialmente se limitan a mantener el equilibrio que establece la Naturaleza. Vivir y dejar vivir.
Erda viene a ser la personificación de la Naturaleza. Las hijas del Rin son las guardianas del oro que yace en el lecho del río y por último las Nornas que vienen a ser algo así como unas brujas capaces de leer el pasado y el destino en base a unos hilos que tienden entre las ramas de un fresno.
Es precisamente ese fresno el origen de la ruptura del equilibrio que mantenía la Naturaleza.
El poder implica una renuncia y Wotam, el líder de los dioses lo sabe cuando arranca una rama de ese árbol: pierde un ojo. A cambio obtiene el derecho a erigirse en señor del mundo, simbolizado en la lanza que elabora con la rama del fresno. En su asta, inscrita con caracteres rúnicos, la ley, que es aceptada por todos los seres del mundo.
Ya no es una justicia natural. Es impuesta, aunque acatada.
Es la ruptura del hombre con la naturaleza. El instante en que el hombre descubre que puede doblegar la Naturaleza a su antojo. Por cierto, la acción de Wotam tiene efectos secundarios en el resto de los habitantes del mundo: los hace sentirse frustrados. Y esa frustración influirá en la historia.
El segundo objeto simbólico lo obtiene Alberich, el jefe de los Nibelungos una noche que abandonando las cuevas, sale a la superficie. En el río conoce a las "hijas del Rin" y les tira los tejos. Es obvio que Alberich no se había visto nunca en un espejo ya que la respuesta de las chicas a sus propuestas son de lo más descorazonador: se ríen de él e incluso le hacen bromas.
Cuando el amor propio de Alberich está en mínimos, ocurre un fenómeno: empieza a salir el sol y al caer los primeros rayos sobre el río, unos destellos dorados surgen del fondo.
- Es el oro que nosotras vigilamos - le dicen las hijas del Rin.
Además le cuentan a Alberich que con ese oro podría forjarse un anillo con el que su poseedor podría hacerse dueño del mundo.
Claro está que el poder requiere un sacrificio...
- Y ¿cuál es ese sacrificio? - pregunta Alberich.
- "Tan sólo quien rechace el poder del amor; tan sólo quien reniegue de sus delicias, solamente él obrará el prodigio de obligar al oro a trocarse en anillo".
Alberich lo tiene claro. Sabe ya que las posibilidades que tiene de comerse una rosca son mínimas. Además le impulsa la envidia que siente por Wotam y comete su doble delito: el primero en contra de la naturaleza, robando el oro del Rin. El segundo contra Wotam al pretender establecer un tercer poder en el mundo. Y renunciando al amor, forja con sus manos el segundo objeto simbólico: el anillo.
Ese poder al que ha tenido acceso Alberich está totalmente desvinculado de la Naturaleza. Sin amor, sin inteligencia, con una gran carga de desprecio y sin sabiduría, el poder ejercido por Alberich, tiene efectos muy dolorosos para su pueblo. Aquellos artesanos que trabajaban en las cuevas se convierten en esclavos en un nuevo sistema de producción (fábricas), basado en la explotación y el miedo. Totalitarismo y dictadura. El inicio del capitalismo.
¿Se refería Wagner a la Revolución Industrial?. Yo creo que si.
Por si el anillo fuera poco, Alberich ordena a su hermano Mime hacerle un yelmo mágico. Se trata del tercer objeto simbólico. Los poderes que tiene son la negación de la identidad real de las cosas. Al ponerse el yelmo uno puede convertirse en cualquier objeto o ser vivo. Simboliza el engaño, la hipocresía, la mentira, la propaganda, la falacia, la impune mano que golpea, el espionaje, el control policial.
Así a bote pronto me recuerda bastante a la España actual. Casi juraría que, desde la muerte del dictador, el anillo y el yelmo han ido pasando de mano por los distintos gobiernos que hemos ido sufriendo.
Diría más. Alberich no llegó nunca tan lejos de lo que hemos llegado ahora: censura en Internet, policía que se dedica a golpear impunemente a niños (y no tan niños), estado del bienestar desmantelado, recortes de derechos laborales, generación de miedo, promesas electorales que nunca se cumplen, corrupción...
¡Lo que da de si un anillo y un yelmo!.
El cuarto objeto es construido por los gigantes a petición de Wotam. Se trata del Walhalla, un castillo que muestra la soberbia de los dioses. Lo curioso es que Wotam ofrece como pago a los gigantes a Freia, la diosa de la juventud y la belleza. En realidad no tiene intención alguna de cumplir su palabra. Cuando los gigantes aparecen para cobrar lo estipulado, Wotam no tiene más remedio que bajar al país de los Nibelungos y robar el oro, el anillo y el yelmo de Alberich, para no perder a Freia.
El quinto objeto simbólico es la espada. Como en la leyenda artúrica, Wotam deja clavada una espada en la roca y sólo el "elegido" podrá sacarla de ahí. Ya no es la ley, sinó la violencia lo que regirá el futuro en el mundo.
Mirado con mis ojos hay un gran paralelismo entre la simbología de Wagner y el mundo real. Lo curioso es que las cinco óperas fueron escritas entre 1848 y 1874.
Tengo la sensación de que hoy, el mundo conoce los cuatro primeros objetos simbólicos. El cuarto se encuentra repartido por la geografía. Algunos son líneas de tren de alta velocidad que nunca fueron rentables y que ha habido que cerrar, aeropuertos que nunca han visto un avión y otros innumerables monumentos a la vanidad de nuestros políticos.
El quinto objeto está por llegar a nuestro país, aunque nuestra policía ya nos está dando clases de su funcionamiento. En otros países, ya ha llegado. Es triste pensar que al final se tenga que resolver todo a base de violencia y sangre.
Lo que permitió a Siegmund extraer la espada dejada ahí por Wotam en la roca, fue el hecho de carecer de miedo. Y nuestra sociedad está perdiendo el miedo, en parte, gracias a la actuación de esos psicópatas a los que han hecho policías.
Malos tiempos se avecinan.
Como Wotam y Alberich, algo tendrá que pagar el pueblo para obtener el poder.
Entonces llegará la Democracia.
El primero de estos objetos es la lanza que utiliza Wotam, el Dios supremo.
Inicialmente la Naturaleza era la que establecía el equilibrio de todos los seres del mundo.
Lo cierto es que en el mundo que crea Wagner no hay demasiada población.
Tenemos a dos gigantes, Fasolt y Fafner, últimos de sus especie. De fuerza ciclópea. aunque de escasa inteligencia.
Los Nibelungos serían los primeros seres humanos. Son enanos negros que viven en estrechas galerías bajo tierra, sin luz y sin conocer la belleza. Trabajan los minerales y producen adornos que carecen de valor añadido quizás porqué no tienen mercado al que vender. El jefe de este grupo es Alberich.
Los dioses son jóvenes, luminosos y cargados de virtudes: Wotam, Fricka, su esposa, Locke (Dios del fuego), Freia, Donner y Froh. Inicialmente se limitan a mantener el equilibrio que establece la Naturaleza. Vivir y dejar vivir.
Erda viene a ser la personificación de la Naturaleza. Las hijas del Rin son las guardianas del oro que yace en el lecho del río y por último las Nornas que vienen a ser algo así como unas brujas capaces de leer el pasado y el destino en base a unos hilos que tienden entre las ramas de un fresno.
Es precisamente ese fresno el origen de la ruptura del equilibrio que mantenía la Naturaleza.
El poder implica una renuncia y Wotam, el líder de los dioses lo sabe cuando arranca una rama de ese árbol: pierde un ojo. A cambio obtiene el derecho a erigirse en señor del mundo, simbolizado en la lanza que elabora con la rama del fresno. En su asta, inscrita con caracteres rúnicos, la ley, que es aceptada por todos los seres del mundo.
Ya no es una justicia natural. Es impuesta, aunque acatada.
Es la ruptura del hombre con la naturaleza. El instante en que el hombre descubre que puede doblegar la Naturaleza a su antojo. Por cierto, la acción de Wotam tiene efectos secundarios en el resto de los habitantes del mundo: los hace sentirse frustrados. Y esa frustración influirá en la historia.
El segundo objeto simbólico lo obtiene Alberich, el jefe de los Nibelungos una noche que abandonando las cuevas, sale a la superficie. En el río conoce a las "hijas del Rin" y les tira los tejos. Es obvio que Alberich no se había visto nunca en un espejo ya que la respuesta de las chicas a sus propuestas son de lo más descorazonador: se ríen de él e incluso le hacen bromas.
Cuando el amor propio de Alberich está en mínimos, ocurre un fenómeno: empieza a salir el sol y al caer los primeros rayos sobre el río, unos destellos dorados surgen del fondo.
- Es el oro que nosotras vigilamos - le dicen las hijas del Rin.
Además le cuentan a Alberich que con ese oro podría forjarse un anillo con el que su poseedor podría hacerse dueño del mundo.
Claro está que el poder requiere un sacrificio...
- Y ¿cuál es ese sacrificio? - pregunta Alberich.
- "Tan sólo quien rechace el poder del amor; tan sólo quien reniegue de sus delicias, solamente él obrará el prodigio de obligar al oro a trocarse en anillo".
Alberich lo tiene claro. Sabe ya que las posibilidades que tiene de comerse una rosca son mínimas. Además le impulsa la envidia que siente por Wotam y comete su doble delito: el primero en contra de la naturaleza, robando el oro del Rin. El segundo contra Wotam al pretender establecer un tercer poder en el mundo. Y renunciando al amor, forja con sus manos el segundo objeto simbólico: el anillo.
Ese poder al que ha tenido acceso Alberich está totalmente desvinculado de la Naturaleza. Sin amor, sin inteligencia, con una gran carga de desprecio y sin sabiduría, el poder ejercido por Alberich, tiene efectos muy dolorosos para su pueblo. Aquellos artesanos que trabajaban en las cuevas se convierten en esclavos en un nuevo sistema de producción (fábricas), basado en la explotación y el miedo. Totalitarismo y dictadura. El inicio del capitalismo.
¿Se refería Wagner a la Revolución Industrial?. Yo creo que si.
Por si el anillo fuera poco, Alberich ordena a su hermano Mime hacerle un yelmo mágico. Se trata del tercer objeto simbólico. Los poderes que tiene son la negación de la identidad real de las cosas. Al ponerse el yelmo uno puede convertirse en cualquier objeto o ser vivo. Simboliza el engaño, la hipocresía, la mentira, la propaganda, la falacia, la impune mano que golpea, el espionaje, el control policial.
Así a bote pronto me recuerda bastante a la España actual. Casi juraría que, desde la muerte del dictador, el anillo y el yelmo han ido pasando de mano por los distintos gobiernos que hemos ido sufriendo.
Diría más. Alberich no llegó nunca tan lejos de lo que hemos llegado ahora: censura en Internet, policía que se dedica a golpear impunemente a niños (y no tan niños), estado del bienestar desmantelado, recortes de derechos laborales, generación de miedo, promesas electorales que nunca se cumplen, corrupción...
¡Lo que da de si un anillo y un yelmo!.
El cuarto objeto es construido por los gigantes a petición de Wotam. Se trata del Walhalla, un castillo que muestra la soberbia de los dioses. Lo curioso es que Wotam ofrece como pago a los gigantes a Freia, la diosa de la juventud y la belleza. En realidad no tiene intención alguna de cumplir su palabra. Cuando los gigantes aparecen para cobrar lo estipulado, Wotam no tiene más remedio que bajar al país de los Nibelungos y robar el oro, el anillo y el yelmo de Alberich, para no perder a Freia.
El quinto objeto simbólico es la espada. Como en la leyenda artúrica, Wotam deja clavada una espada en la roca y sólo el "elegido" podrá sacarla de ahí. Ya no es la ley, sinó la violencia lo que regirá el futuro en el mundo.
Mirado con mis ojos hay un gran paralelismo entre la simbología de Wagner y el mundo real. Lo curioso es que las cinco óperas fueron escritas entre 1848 y 1874.
Tengo la sensación de que hoy, el mundo conoce los cuatro primeros objetos simbólicos. El cuarto se encuentra repartido por la geografía. Algunos son líneas de tren de alta velocidad que nunca fueron rentables y que ha habido que cerrar, aeropuertos que nunca han visto un avión y otros innumerables monumentos a la vanidad de nuestros políticos.
El quinto objeto está por llegar a nuestro país, aunque nuestra policía ya nos está dando clases de su funcionamiento. En otros países, ya ha llegado. Es triste pensar que al final se tenga que resolver todo a base de violencia y sangre.
Lo que permitió a Siegmund extraer la espada dejada ahí por Wotam en la roca, fue el hecho de carecer de miedo. Y nuestra sociedad está perdiendo el miedo, en parte, gracias a la actuación de esos psicópatas a los que han hecho policías.
Malos tiempos se avecinan.
Como Wotam y Alberich, algo tendrá que pagar el pueblo para obtener el poder.
Entonces llegará la Democracia.
Siempre un grato placer el visitarte. Gracias por compartir, interesante artículo.
ResponderEliminarAbrazos de luz.